Los músicos, ¿otra vez?

Por Raúl Bañuelos

A la expectativa. -Al inicio de cada gobierno debería ser una regla que a las autoridades municipales les concediéramos el beneficio de la duda en cada una de sus decisiones. Sin embargo, ese voto de confianza tampoco debiera ser un cheque en blanco: Nuestros gobernantes deben demostrar, desde el arribo a sus cargos, que llegan al puesto con conocimiento de los problemas habidos y con la voluntad de resolverlos por medio del consenso.

En particular, los músicos.-Cada tres años se despierta la misma polémica con los músicos, “que son ellos los que fomentan el desorden en el jardín principal, que son ellos quienes se orinan en las banquetas, y que son ellos los que dejan hecho un muladar este lugar…”.

Problemas.-Claro que esto genera problemas a cada gobierno. Por un lado, hay voces y una parte de la población que exige al presidente poner orden a lo que vemos cada fin de semana en el jardín; por el otro, los músicos ruegan horarios más prolongados para poder trabajar un poco más y llevarse así otro peso extra al bolsillo, y se entiende.

Manifestaciones.-A raíz de estas situaciones, y por pretender, la presidencia, aplicar un reglamento a raja tabla, los músicos se han organizado en el pasado para manifestar su descontento: A Pepe pasteles ya le andaba cuando arrancó su gobierno  y la misma historia iba a repetirse con Toño Aceves, pero éste último fue prudente y terminó cediendo… Simplemente, la falta de oficio, de los entonces secretarios de gobierno, propició que una gran parte de la población criticara duramente a la autoridad en turno por su falta de empatía; y es que se habla de un gremio que representa un poco más de 400 familias jerezanas que dependen de la música, cosa que, en su momento, la autoridad no entendía.

Aprender en cabeza ajena.-Esta vez, con conocimiento de la historia, los eventos no pueden reproducirse. Estamos sujetos a una “nueva gobernanza”; se ha visto en el alcalde Humberto Salazar ganas de trabajar y una actitud conciliadora; estoy seguro que habrá flexibilidad de las dos partes para que siga la fiesta en paz, y claro, con orden.

Oficio político.-Y precisamente la solución favorable, para ambas partes, debería promoverse desde la Secretaría de Gobierno; un despacho que debe atajar todo problema y cuanto chismerío se desate para  evitarle disgustos al alcalde.

Realidad.-En este asunto no hay que andarse por las ramas ni evocando leyes: Por desgracia o por fortuna, Jerez es atractivo, precisamente, por sus fiestas eternas que se desarrollan cada fin de semana en el jardín principal, y lo mejor, y está comprobado, hasta ahora es lo único que genera derrama económica todo el año. Lamento mucho decepcionar a los amantes de la cultura, pero todavía Ramón López Velarde no nos da a los jerezanos para vivir: Asumamos esa triste realidad.

Ojo, mucho ojo!!.-No hay que generar entonces problemas donde no los hay. Sí, el jardín principal necesita sólo vigilancia para mantener el orden: Los policías pueden caminar tranquilamente de aquí para allá, pero sin abusar de sus funciones como recientemente ocurrió. Y no es que deban cruzarse de brazos ante la comisión de un delito, no, sino que deben ser más tolerantes porque todo mundo sabe el estado tan vulnerable que padecemos frente a la inseguridad, donde el papel del guardián del orden ha quedado rabón, rebasado y criticado por muchas razones, pero que son entendibles también, son humanos.

¿Bloqueos, horarios?.-Mandar a las bandas a la zona peatonal con el argumento de que bloquean el paso al peatón tampoco es válido. A los automovilistas, cada domingo, los elementos de vialidad nos bloquean las calles y nos hacen sufrir al estar dando vueltas por todo el centro de la ciudad. ¿Horarios? Permitir a las bandas que toquen sólo hasta las 9 de la noche simplemente es irracional, todo mundo sabe que la fiesta dura más, pero tampoco busquemos los excesos, menos ahora por seguridad.

Negociación.-Guárdese el Reglamento, y por lo dicho anteriormente, sígase haciendo una excepción, siempre y cuando; músicos, dueños de bares y cantinas, así como los ciudadanos que gozan de este vicio de estar cada ocho días en el jardín principal, se hagan todos responsables de sus actos, así como también de su propia integridad; nadie nos obliga a exponernos bajo este contexto.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *